El guardia de seguridad pensó que humillar a un chico por su ropa gastada lo haría sentir poderoso. Se equivocó de la peor manera.

Publicado por la.bolola2015rm el

Nadie escuchaba los gritos en el nivel más oscuro del estacionamiento subterráneo.

Mateo solo quería salir rápido de ahí. Llevaba unos tenis sucios por la lluvia y una sudadera descolorida. De pronto, el eco de unas botas pesadas y el chasquido estático de un radio lo hicieron frenar en seco.

—¿A dónde crees que vas, mugroso? —ladró el guardia, empujándolo con fuerza contra un frío muro de concreto.

El hombre era el doble de su tamaño. Olía a tabaco barato y transpiración. Sin darle tiempo a defenderse, le arrebató la billetera de un manotazo. La luz parpadeante del techo hacía que la sonrisa del vigilante se viera aún más sádica.

—Esa tarjeta de acceso no es robada… —tartamudeó el chico, respirando con dificultad por el impacto.

El guardia sacó una reluciente tarjeta dorada de la cartera. Sus ojos se abrieron de par en par. Esa tarjeta VIP de acceso total solo la tenían tres personas en todo aquel inmenso edificio corporativo de cincuenta pisos.

—¿Te crees muy listo? —gruñó el hombre, escupiéndole las palabras en la cara—. Un muerto de hambre como tú jamás tendría esto. Te vas a pudrir en la cárcel hoy mismo.

El vigilante levantó la tarjeta dorada, doblando el plástico duro, a punto de partirla en dos para destruir la supuesta «evidencia» y arruinarle la vida al muchacho.

Pero entonces, el sonido metálico de un bastón golpeando el piso resonó a sus espaldas.

Una sombra imponente cubrió al guardia. El inconfundible aroma a perfume caro y puro recién apagado llenó el aire helado del lugar.

—Suelta a mi hijo inmediatamente —exigió una voz grave que hizo temblar hasta los cimientos del edificio.

El guardia giró lentamente y se quedó sin una sola gota de sangre en la cara al reconocer quién estaba parado frente a él.

Continuación en los comentarios.

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